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  • Vik Perez

OPINIÓN | Dr. Víctor Pérez: "Los Traidores del Falso Bicentenario"

No son peruanos, si narcisistas, maquiavélicos y psicópatas



“insidioso, taciturno, con sentido del deber y dotado de una buena memoria... tiene un lenguaje suave e incluso dulce, una voz delicada... más listo y taimado que inteligente y talentoso. cínico”. Así describe el militar ruso Mitrofan Konstantinovitch, a Alfred Redl, el más grande traidor de la historia de la humanidad, era octubre 1907.

Ya no lo es más, cede ahora su karma a los traidores del falso bicentenario.

La agresión consumada por estos peruanos de maniquí contra el pueblo peruano avasalla la traición del coronel austriaco Alfred Redl. Redl filtró el plan de invasión austriaca a Serbia y a la vez engañó a sus compatriotas con información falsa sobre la fuerza militar rusa.

Su traición contribuyó a las derrotas que el imperio austrohúngaro sufrió durante la primera guerra mundial. Su perfidia provocó la muerte de medio millón de austriacos. Lo hizo por dinero y la vida fácil, descubierto se suicidó pegándose un tiro en la cabeza.

Hoy conocemos a los primeros depositarios de la despreciable herencia de Redl, son los traidores del falso bicentenario. Son muchos más que los revelados, se hacen llamar peruanos, no lo son.

La traición de este cardumen de enemigos del Perú quedara grabada con letras de sangre en el corazón de los peruanos de bien, que si los hay.

El haber sido descubiertos no los inmuta, se protegen entre ellos, ensayan excusas rimbombantes, aducen miedo y vulnerabilidad como si fueran los únicos en dicha condición, arteramente alegan que asumieron sus propios riesgos.

Tienen la impudicia de aducir el carácter privado de las vacunas inoculadas a escondidas como si ello fuera más importante que la vida de un soldado peruano – léase médico, enfermera, policía, bombero - luchando en primera línea de guerra contra el virus.

Otros invocan su rol de consultores, palabra ideal para encubrir sus fechorías y hasta se atreven a culpar a otros de su afrenta al Perú. Lo más descorazonador es que pertenecen a estratos sociales acomodados y en teoría “educados”.

Son narcisistas, maquiavélicos además de psicópatas porque en plena pandemia antepusieron sus intereses individuales sin ninguna empatía. Se creen poseedores de una moral superior, aquella que Nietzsche denomina “la moral del amo”.

Los psicólogos Delroy Paulhus y Kevin Williams agrupan a estos rasgos como la triada oscura de la personalidad. Se les debería retirar la nacionalidad peruana, no la valoran ni la merecen.

La diversidad de traidores revelados ratifica que no tenemos país, los peruanos solo ocupamos un espacio territorial, como lo hacen los ciervos en la Sabana africana, sin más ley que la del más fuerte.

El pensador Thomas Hobbes lo sostendría así “los peruanos viven en un estado natural, salvaje en el que cada uno busca su propio interés, en una situación de guerra de todos contra todos”.

Tampoco tenemos estado, solo una corte tomada por piratas que históricamente ha saqueado al Perú de su riqueza moral, cultural y económica. Son los responsables de que el Perú no haya despegado.

Sin un estado que refleje peruanidad y peruanismo en sus vísceras no hay independencia posible. La de 1821 fue una pantomima. El bicentenario es un engaño porque los peruanos nunca llegaron a independizarse.

El Perú debería ser hace ciento cincuenta años una potencia mundial. Singapur una isla diezmada cuatro veces más pequeña que Arequipa lo ha conseguido en cinco décadas.

Estamos ante la carcasa de lo que érase un poderoso imperio. No es para entristecerse, más bien para aglutinar el ímpetu necesario entre los peruanos de honor que si los hay, para reedificar nuestro país en el destino superior que merece.








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